Tormentas, raíces y fuego: cuatro canciones para habitar la herida

 Tormentas, raíces y fuego: cuatro canciones para habitar la herida

Entre la culpa asumida, la nostalgia que arde y la rabia convertida en ruido, estas cuatro canciones exploran lo que queda cuando ya no hay refugio. Música que no busca consolar, sino nombrar la herida y caminar dentro de ella.


ESSK and friends – The Storm I Chose

The Storm I Chose” de ESSK and Friends cierra la historia de Tommy Jackman con una fuerza narrativa devastadora. Desde una fusión de rock alternativo con sensibilidad celta, la canción adopta un tono confesional que transforma la culpa en voz y la memoria en herida abierta. Contada desde la perspectiva de la mujer, la letra no busca absolución, sino asumir el peso de la elección: amar sabiendo el daño, quedarse entendiendo el costo.

La instrumentación acompaña con sobriedad épica, como un mar contenido que nunca termina de calmarse. Cada verso avanza con una honestidad que incomoda, despojando al relato de héroes y villanos claros. Aquí no hay traición accidental, hay conciencia. El “tormento” no es castigo externo, es decisión interna. ESSK and Friends logra un cierre maduro y profundamente humano, donde la aceptación sustituye al perdón y la tragedia se vuelve identidad. Una canción que no se escucha: se sobrevive.

Thomas Duxbury and New Mother Nature – Istanbul

“Istanbul” de Thomas Duxbury and New Mother Nature es una canción que sonríe mientras le tiembla el pulso. Construida sobre riffs luminosos y un groove blues-rock enérgico, el tema avanza con una calidez casi veraniega que contrasta con su núcleo emocional profundamente melancólico. Es música de carretera con el corazón mirando por el retrovisor.

La letra captura ese estado incómodo y universal de tener el alma dividida entre lugares, personas y tiempos que ya no coinciden. Duxbury transforma la nostalgia, la distancia y la pérdida en un relato íntimo que nunca se vuelve pesado, gracias a una banda que suena viva, orgánica y perfectamente sincronizada. El solo, espontáneo y casi accidental, añade un momento de comunión pura, mientras el detalle final del feedback que evoca a su gato fallecido aporta una carga emocional inesperada y honesta.

“Istanbul” es blues con polvo en las botas y gratitud en el pecho: una canción sobre extrañar, amar y aceptar que no siempre se puede estar donde late el corazón.

Second Choice – By the Blackened Fern

“By the Blackened Fern” de Second Choice es un conjuro cantado a media voz, una pieza donde el neofolk y el dark wave se entrelazan como raíces bajo tierra húmeda. La música avanza con una solemnidad hipnótica, dejando espacio para que la atmósfera respire y para que cada palabra pese como un símbolo antiguo. No hay prisa: el tema se mueve al ritmo de rituales, no de relojes.

La letra, cargada de imaginería pagana y resonancias góticas, habla de identidad fragmentada, memoria y pertenencia. No busca redención ni huida, sino aceptación: caminar con lo que queda de uno mismo. La voz funciona como narradora y ofrenda, guiando al oyente por senderos de musgo, ceniza y promesas rotas.

La producción de Fredrik Lindström sostiene el hechizo con arreglos sobrios y envolventes, mientras la lírica de Dimi De San aporta una poética oscura y profundamente íntima. “By the Blackened Fern” no se escucha: se cruza, como un umbral que deja marcas en quien lo atraviesa.

Jacob The Horse – Bad New Religion

Jacob the Horse es una banda indie-punk de Los Ángeles que convierte la ansiedad política y el desencanto generacional en canciones urgentes, ruidosas y memorables. Liderado por Aviv Rubinstien, el cuarteto bebe del linaje del punk clásico y lo cruza con una sensibilidad moderna que mezcla sarcasmo, catarsis y melodía. Su música no esquiva temas incómodos: confronta el autoritarismo, la frustración social y el peso emocional de vivir en tiempos convulsos, siempre desde una perspectiva personal y visceral.

En At Least It’s Almost Over, producido por Jack Shirley, la banda afila riffs, coros incendiarios y letras que funcionan como diarios abiertos, equilibrando furia y vulnerabilidad. Jacob the Horse entiende el punk como un espacio de comunidad y desahogo, donde el humor negro convive con la crítica y la empatía. El resultado es un proyecto que suena clásico y contemporáneo a la vez, capaz de transformar el malestar colectivo en una experiencia sonora tan incómoda como liberadora.

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Redaccion LC

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