Colores, ligereza, raíces y despedidas que laten desde distintos rincones del alma
Un abrazo a lo íntimo y lo diverso, estas cuatro canciones son estaciones emocionales del mismo viaje.
“Federleicht” – Curly Bird
“Federleicht” de Curly Bird es un tema de reggae que se mueve con la soltura de quien no necesita explicarse. La canción avanza ligera pero firme, combinando una energía contagiosa con una calidez emocional que invita al movimiento y a la sonrisa. En esta versión junto a Melli Zech, la química vocal aporta frescura y dinamismo, haciendo que el mensaje fluya sin solemnidad ni discursos forzados.
Musicalmente, el reggae funciona aquí como un vehículo de optimismo consciente. La base rítmica es estable y envolvente, mientras los arreglos mantienen un equilibrio entre sencillez y pulido moderno. Todo suena vivo, cercano, casi como una canción que se cuela en el día a día sin pedir permiso.
El trasfondo personal de Curly Bird, joven cantautora suiza que extraña el océano, se percibe en esa necesidad de ligereza y horizonte abierto. “Federleicht” no pretende cambiar el mundo, pero sí hacerlo más habitable. Y eso, en sí mismo, es un logro artístico valioso.
“ROYGBIV” – Mariami
“ROYGBIV” de Mariami es una canción que transforma el cansancio emocional en un estallido cromático. Parte desde un estado gris, repetitivo y casi anestesiado, donde todo parece fuera de cuadro, para luego encenderse cuando aparece el otro como fuerza catalizadora. La metáfora del espectro completo no es solo visual, es corporal y afectiva: deseo, cuidado, riesgo y entrega coexistiendo en un mismo pulso.
Musicalmente, el tema se mueve con elegancia dentro del synthpop y el indie pop, con una producción etérea que nunca satura. Los sintetizadores flotan como luz refractada, mientras la voz de Mariami mantiene una calidez nostálgica que recuerda sus raíces soul, pero proyectadas hacia un presente alternativo y sofisticado.
La letra equilibra vulnerabilidad y fuerza, con imágenes de reconstrucción, caída y sostén. “ROYGBIV” no habla de amor idealizado, sino de conexión como reanimación vital. Es una canción que no grita, pero ilumina.
“The Dreams Are Almost Gone” – Petty leaving thing crossing through the time
“The Dreams Are Almost Gone” de Petty leaving thing crossing through the time es una pieza de rock introspectivo que combina post-grunge, hard rock y psicodelia para explorar un conflicto existencial profundo. La canción se construye como un diálogo interno constante entre corazón, razón y alma, tres fuerzas que chocan sin tregua mientras el protagonista atraviesa el tiempo sintiéndose pequeño frente a la inmensidad del universo.
La letra funciona casi como un poema filosófico convertido en música, con imágenes de herejía, vértigo y pérdida de control que refuerzan la sensación de angustia y búsqueda de sentido. Musicalmente, el tema avanza con una estructura densa y reflexiva, donde las guitarras cargadas, los teclados y los coros aportan un tono dramático y ligeramente psicodélico, sin caer en excesos.
Hay en esta canción una melancolía madura, marcada por la conciencia del paso del tiempo y la nostalgia por una era del rock que parece desvanecerse. Es un tema honesto, crudo y profundamente humano, que mira al final del camino sin dejar de cantar.
Stefan J. Selbert – Western Wallflower
“Western Wallflower” de Stefan J. Selbert es una canción que dialoga con la tradición bedroom pop, lo-fi e indie folk desde un paisaje muy particular: la California rural. Este género tiene raíces profundas en el folk estadounidense, nacido como música de relato íntimo, carretera y trabajo, que con el tiempo se volvió más introspectivo y casero, especialmente en la costa oeste, donde lo acústico y lo cotidiano conviven con una sensibilidad moderna.
En California, el folk actual se filtra por habitaciones, grabadoras sencillas y voces honestas, y Selbert encarna ese espíritu desde su vida como ranchero. Esa autenticidad conecta de manera especial con el público latinoamericano, donde el folk ha encontrado un eco emocional fuerte gracias a su énfasis en la memoria, el territorio y la identidad.
Por eso “Western Wallflower” es tan bien recibida: no busca artificios, sino verdad. La canción transmite madurez artística, una trayectoria trabajada con paciencia y una solidez que trasciende fronteras. Es música que se siente vivida, y ahí radica su enorme valor musical
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