De las cuerdas del pasado al ruido que libera: canciones que duelen, sanan y despiertan
Cuatro artistas, cuatro miradas distintas y un mismo pulso emocional que convierte la vulnerabilidad, la gratitud, la culpa y la catarsis en música que no se escucha, se atraviesa.
Abel Santana – Títeres
“Títeres” de Abel Santana es una balada profunda que pone palabras claras a una herida común: la dificultad de soltar el pasado. Desde un lenguaje cercano al latin pop y al singer-songwriter con raíz regional, la canción se construye como una confesión honesta donde el dolor no se disfraza, se reconoce. La letra habla de puertas cerradas, culpas compartidas y recuerdos que regresan sin permiso, moviendo los hilos de lo que aún duele.
La metáfora de los “títeres” resulta poderosa y directa, retratando cómo el miedo y la culpa pueden gobernar las emociones presentes si no se enfrentan. Musicalmente, el tema acompaña con sobriedad, permitiendo que la voz y la historia sean el centro, sin excesos ni dramatismos forzados.
Abel Santana canta desde la experiencia y la introspección, fiel a su trayectoria como compositor sensible. “Títeres” no busca señalar, invita a reflexionar. Es una canción que recuerda que amar libremente también implica atreverse a dejar atrás aquello que ya no está, aunque todavía duela.
Seema Farswani – Season of Gratitude
“Season of Gratitude” de Seema Farswani es una pieza íntima que se abre como un cuaderno de invierno, escrita con pausa, claridad emocional y una sensibilidad jazz que marca un punto de inflexión en su trayectoria. Desde el indie folk y el alt pop, la canción respira un aire contemplativo, donde cada acorde parece agradecer el silencio antes de avanzar. Es una obra nacida del desafío personal y del crecimiento, y eso se percibe en su honestidad serena.
Inspirada en paisajes invernales y momentos de quietud, la composición refleja la redistribución de la esperanza, los reencuentros inesperados y el valor de la comunidad elegida. La influencia jazz se siente en la estructura y el fraseo, sin imponerse, aportando elegancia y profundidad emocional. La voz de Seema guía con calidez, sin dramatismo, dejando espacio para que el oyente haga su propia lectura.
“Season of Gratitude” no busca deslumbrar, invita a detenerse. Es una celebración silenciosa de los procesos, la gratitud y la certeza de que la luz siempre encuentra el camino de regreso.
xplicit – KARMA
“KARMA” de xplicit es una descarga frontal de autoconciencia envuelta en trap, rap y grime. La canción parte de una premisa simple pero contundente: todos cargamos errores, y tarde o temprano regresan a pedir cuentas. Lejos de una pose moralista, xplicit transforma esa idea en un ejercicio de honestidad cruda, donde el ego, la caída y el regreso conviven en el mismo pulso.
Su entrega vocal es uno de los puntos fuertes del tema. Hay una mezcla poco convencional de rap con matices de rock y cierta teatralidad casi operística, que aporta dramatismo sin perder filo callejero. La base, con guiños al sonido west coast, sostiene el discurso con firmeza, dejando espacio para que las rimas respiren y golpeen.
“KARMA” funciona como confesión y declaración de regreso. xplicit no se presenta como alguien que lo tiene todo resuelto, sino como alguien que aprendió a través del choque. Es un tema intenso, directo y cargado de identidad, que convierte el tropiezo en combustible creativo.
Course – Odio decirlo
“Odio decirlo” de Course es una explosión emocional que canaliza la vulnerabilidad a través del pop punk y el rock alternativo. La canción avanza con energía urgente, casi catártica, mientras la letra expone una relación marcada por la manipulación, el deseo y la pérdida de control. No hay rodeos: el conflicto se lanza de frente, con frases que duelen por su franqueza.
El coro funciona como un grito de resistencia, una súplica por fortaleza y valentía para no volver a caer. Musicalmente, Course combina riffs directos, ritmo acelerado y una estructura que refuerza la sensación de lucha interna constante. Los coros repetitivos intensifican el mensaje, convirtiendo la ansiedad en impulso colectivo.
Desde Ciudad Satélite, la banda demuestra por qué su propuesta conecta con una generación que siente todo al límite. “Odio decirlo” no busca consuelo, busca liberación. Es una canción sobre reconocer el daño, nombrarlo y, con ruido y emoción, empezar a romper el ciclo.
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